239 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? Status Quaestionis JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS Resumen En la Edad Media todo se discute. La polémica forma parte importante del método universitario; por ello tenemos innumerables modelos en los escritos que conservamos. Uno de los temas que causó polémica fue el de la eternidad del mundo, sostenida por Aristóteles, ante el dogma de fe sostenido por la Iglesia. San Buenaventura y Santo Tomás nos muestran la agudeza de su genio al buscar los argumentos que les parecen decisivos en el tema. Un espectáculo digno de ser contemplado y admirado. Abstract Everything is discussed in the Middle Ages. Controversial discussion is an important part of the university method; hence, in the writings that we preserve we do have uncountable models. The eternity of the world was one of the subjeets to cause controversy. This subject was supported by Aristotle in front of the dogma of faith supported by the Church. San Buenaventura and Saint Thomas show us the sharpness of their geniuses when looking for the arguments that they think are conclusive in the subject. This is a spectacle worthy of contemplation and admiration. Nos cuesta comprender el apasionamiento que rodeaba a la disyuntiva que intitula esta ponencia. ¿Quién discute hoy tal cosa? Es que hoy carecemos de la fe y de la tensión metafísica de ese glorioso siglo XIII. En la universidad medieval todo se discutía. Y no se trataba tan sólo de un ejercicio escolar; por supuesto que lo era, mas también daba lugar a una disputa apasionada y de larga duración. Hace no mucho leía el laborioso trabajo del dominico medieval Richard Knapwell: "De unitate formae", que expone la discusión sobre el particular tal cual se hallaba a comienzos del siglo XIV. ¡Cómo no quedar admirado ante el trabajo de esos profesores! Knapwell recoge 39 argumentos a favor de la tesis de la pluralidad de formas en cada ente, tesis defendida por los que hoy llama- 240 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS mos agustinistas, y 32 a favor de la unidad de la misma, defendida por los tomistas. De más está decir que cada argumento recibe una refutación en regla de la parte contraria. Otro tanto podría hacerse con nuestro tema, pero yo no puedo prometerles un trabajo semejante al del ilustre dominico y presentarles todos los argumentos que fueron esgrimidos en aquellos años de modo de deslumbrarlos ante el ingenio extraordinario de esos profesores. Me limitaré tan sólo a explicar por qué San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino se enfrentaron, y con qué vehemencia, ante la hipótesis de la eternidad del mundo. Tampoco intento agotar la discusión en estos dos teólogos consultando todas sus obras. Como es fácil comprender, sería tarea de nunca acabar. Tal vez lo que más sorprenda sea la pasión que despertó este problema en teólogos tan pacíficos, al extremo de que, tanto el uno como el otro, se descalificaron de modo sorprendente. Así, por ejemplo, San Buenaventura no cree que haya un filósofo de tan pequeño intelecto que, después de haber aceptado la creación, pueda sostener la eternidad del m u n d o . Es obvio que sabía que tal enano intelectual existía y se llamaba fray Tomás de Aquino. Además, acota, sus argumentos son tontos; aceptarlos es, simplemente, demencia. Santo Tomás tampoco se quedó corto en la calificación de su adversario. Según su criterio, sus argumentos son para la risa y de ningún valor . Como puede verse, hasta los santos pierden la paciencia. 1 2 SAN BUENAVENTURA Intentemos, en primer lugar, entender la postura del santo franciscano. Comencemos esforzándonos en comprender el porqué de su decisión y su incapacidad para aceptar el que Santo Tomás pueda razonablemente explicar de otro modo la cuestión. El hecho es tanto más sorprendente cuanto es de todos conocida la humildad del monje y la facilidad con que reconoce que no sabe esto o aquello . Tiene que haber habido una razón muy profunda para ello y es lo que queremos mostrar. 3 1 In II Sent. Dist. 1, c. 1, pars 1, q.2. Cito por la edición de la "Opera Omnia" , Ed. Ad Claras Aquas (Quaracchi) 1985. La expresión del Santo es: "quantum cumque parvi intellectus". 2 "Et hoc expresse apparet in rationibus hic inductis quae derisibiles sunt, et nullius momenti". Quodlibetum Tertium, q. 4, a. 2. 3 Es notable cuántas veces reconoce no saber cuál es la verdadera tesis de Aristóteles sobre tal o cual punto. Advierto que en el tratamiento del tema me apoyaré, para aclarar algunos matices, en el magnífico estudio de Gilson: La Philosophie de Saint Bonaventure, c. VI, págs. 151-164. J. Vrin, Paris, 3éme édition, 1953. 241 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? Me parece obvio que San Buenaventura piensa que está en juego la pureza de la fe. En otras palabras: sostener la eternidad del mundo es una herejía. Es bueno recordar que este pecado es uno de aquellos que, en esa época, no se podía tolerar; porque, al evidente aspecto religioso, se le unía el civil que implicaba la horrible mancha de la felonía. Justamente, hacía muy pocos lustros que había nacido la Santa Inquisición. Nadie dudaba de que Platón y Aristóteles habían sido paganos y muy inteligentes y nadie los acusaba de tontos por sus errores. El mismo Santo reconoce que éstos son perfectamente inteligibles; en cambio el que ahora nos ocupa, no lo es. ¿Por qué? Comencemos por aquí. El santo fraile inicia su comentario al segundo libro de las sentencias explicando la noción de creación, esforzándose por aclarar el modo tradicional de expresar el dogma católico: "creatio ex nihilo". Porque hasta el mismo Aristóteles comprendió que el mundo había sido creado, pero, añade el humilde franciscano, no creo que haya llegado a entender que lo fue "ex nihilo". Sigamos el consejo de Gilson quien nos pide que nos fijemos en el valor de la partícula "ex", expresamente subrayada por el fraile . Según él, tal partícula sólo podría tener dos sentidos. O bien, designa una materia preexistente a la creación, o bien, señala simplemente el punto de partida de la acción, es decir, fija el término inicial y anterior a la creación misma. Pero el primer sentido es imposible en este caso, porque "ex" precede a la palabra "nada", y la nada es algo muy distinto a la materia. Ya enseñó San Agustín que ésta era una capacidad de forma, que aspira, en cierto sentido, a ella, como lo señaló el mismo Aristóteles; por lo que fue creada por Dios conjuntamente con ésta. Además de ello, no puede decirse que la materia sea pura privación, porque algo de belleza y luz posee, y, por lo mismo, modo, especie y orden, aunque imperfectos. 4 5 Ahora estamos capacitados para comprender el punto clave. Hay contradicción en los términos si se piensa que lo que ha sido creado de la nada no lo fue en el tiempo. En otras palabras, la creación y la eternidad se oponen sin posibilidad de un término medio. De allí sus palabras tan hirientes. Porque él perfectamente comprende que alguien crea en la eternidad del mundo y acepta que dicha tesis es razonable; lo que no lo es, en cambio, es sostener, al mismo tiempo, la creación de la nada y la eternidad de lo creado. 4 O.C. pág. 154. 5 De Vera Religione c. 18, N° 35. Cfr. Confesiones XII, 7,7 Textos citados por s. Buenaventura en I Sent. I,1,1,1. 242 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS Sigámoslo por un instante. La conclusión de la cuestión segunda ya citada establece que si el mundo ha sido producido de la nada, ello implica que no es eterno ni producido desde la eternidad. Tanta es su convicción que, nos asegura, habría contradicción en los términos si tal cosa se intentase pensar. Por lo mismo no es necesario demostrarlo, basta comprender lo que implica el concepto de creación desde la nada. No hay, pues, posibilidad alguna de armonizar el concepto católico y la tesis por él combatida; de allí la exaltación que alcanza la polémica. Quien no comprenda tal cosa está, por incompetencia, arruinando el dogma católico. Tan lejos llega su convicción que, en uno de los sermones predicados en París, a petición de sus hermanos de religión, a fin de oponerse a esos errores que corroen la universidad, no teme aseverar que quien sostenga la eternidad del mundo niega la encarnación del Hijo de Dios . 6 Su última palabra no puede ser más explícita y segura: "porque la producción desde la nada pone al ser después del no-ser por parte de lo producido, (...) es necesario que la creación del mundo haya sido producida desde el tiempo" . 7 Conviene pasar revista, aunque sea someramente, a los argumentos con los que apoya su tesis y que expuso en la segunda cuestión de ese comentario suyo a la Sentencias . En primer lugar presenta seis argumentos que demuestran la imposibilidad de un origen temporal del universo, es decir, la posición de Aristóteles, y que después deberá refutar. Señalemos dos que podríamos denominar aristotélicos: 8 1. Si se pone principio al movimiento, éste ha sido producido por otro, y éste por otro, y así al infinito. Como un infinito no se puede recorrer, no se puede poner un comienzo al tiempo y al movimiento, sino que éste ha de comenzar en un movimiento sin principio. Reconocemos aquí las ideas que le permitieron a Aristóteles llegar a concebir al Motor Inmóvil, origen del movimiento. 6 "Ponere enim mundum aeternum, hoc est pervertere totam sacram Scripturam et dicere, quod Filius Dei non sit incarnatus". Colaciones sobre los diez mandamientos Col. 2, N° 25, en Obras Completas de San Buenaventura B.A.C., 2 Ed., Madrid, 1966, pág. 546. a 7 "quia productio ex nihilo ponit esse post non-esse ex parte producti... necesse est, quod creatura mundi sit producta ex tempore..." Breviloquium 11,1,1 8 In II Sent., dist. I, c. 1, pars 1, q. II. "Utrum mundum productus sit ab aeterno, an ex tempore". No es necesario decir que al exponer las ideas procuraremos expresarnos de un modo un poco más moderno y más al alcance del lector actual que desconoce la tecnicidad del lenguaje medieval. Tampoco consignaré todos los argumentos que trae el libro, sino los más comprensibles para nosotros. ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? 243 2. El primer movimiento es el del primer móvil. Pero éste no puede ser anterior a sí mismo ni a su móvil. En consecuencia no puede empezar, debe haber estado siempre en movimiento. Dependiendo, claro está, del primer motor inmóvil. Agreguemos otros dos que podríamos denominar teológicos: 3. El creador del mundo es Dios, el cual es, eternamente, causa suficiente y actual. Pero la causa suficiente y actual es la que produce el efecto sin ayuda de nadie; en consecuencia, Dios está eternamente creando. 4. Dios no puede pasar del ocio al acto ya que implicaría potencia pasiva. Nos parece escuchar a Orígenes quien no podía concebir a un Dios ocioso. Observemos ahora cómo el Santo refuta tales argumentos: 1. San Buenaventura concede que el primer argumento es perfectamente válido en el orden natural, pero no se aplica a la creación por la sencilla razón de que ésta debería ser llamada movimiento sobrenatural. Me llama la atención el vocabulario del fraile, porque hoy ningún teólogo calificaría a la creación como movimiento, sino mutación metafísica. Pero observemos que aunque la palabra no se halla, sí el concepto. Así vemos cómo, con el paso del tiempo, se perfecciona la expresión de la filosofía cristiana. 2. Es fácil comprender, en respuesta al segundo, que Dios co-crea al primer móvil, el primer movimiento y el primer motor en el orden físico. Todo lo cual ocurre en un solo instante. Me permito comentar que es curioso que San Buenaventura no se haya dado cuenta que este argumento aristotélico mostraba que el griego no había llegado a la idea de creación en su sistema. 3. Por supuesto que Dios es causa suficiente y actual; pero hay que distinguir. Si Dios causara por naturaleza, valdría el argumento; pero la creación es un acto voluntario y libre. Como no convenía que la creatura fuera eterna, Dios fijó un inicio temporal. En otras palabras, Dios siempre, ab aeterno, quiso crear; pero quería crear en el momento que creó . Además habría que distinguir la actualidad a la que alude la razón que discutimos. Esa actualidad la podemos predicar de Dios (in se) y, en tal caso, es verdad: Dios está siempre en acto; o bien del efecto, pero en él no se da tal actualidad. 9 4. Nuevamente es necesario distinguir. Si el acto algo agrega al agente, es verdad lo que el argumento alega; porque, en tal caso, el agente 9 "Ab aeterno enim (Deus) voluit producere tunc, quando producit..." (ibid). 244 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS cambia. Mas no en Dios, que es su "actio", por lo que nada le agrega la creación y no hay cambio en El. Este argumento molesta al Santo que lo califica inmediatamente de "stultus"; ya que, si Dios evitó ser ocioso creando, quiere decir que le faltaba algo, no era perfecto sin las cosas. Pero tampoco con ellas. Si lo que motivara la argumentación fuera la inmutabilidad de Dios, en ese caso no podría aparecer nada nuevo en el mundo. Aunque no lo diga aquí San Buenaventura creo que estaría pensando en que tal razón mostraría que nuestras almas tendrían que ser eternas. Todo lo cual le parece simplemente demencial. Nos corresponde ahora pasar revista a los seis argumentos que demuestran que la creación, necesariamente, fue "ex tempore". Me permito subrayar ese "necesariamente", pues es esta palabra la que Santo Tomás no acepta. San Buenaventura, por el contrario, está tan convencido de sus argumentos que suele iniciarlos diciendo "es imposible que...", con lo cual se ve que no sospecha que se le pueda responder razonablemente. Comencemos por tres aristotélicos: 1. Es imposible añadir al infinito; pero hoy hay más días que ayer y menos que mañana. Si alguien, a saber, Santo Tomás, intentase evadir la cuestión diciendo que el infinito marcha hacia el pasado, donde sería posible, mientras en el presente, no; es fácil responder que de todos modos habría, en el pasado, doce revoluciones lunares por una solar. En la física de la época se pensaba que el año correspondía a una revolución o giro solar, mientras la luna daba doce en el mismo período de tiempo. Pero es fácil advertir que, en la hipótesis de la eternidad del mundo, ambas revoluciones serían infinitas ¿Puede pensarse en un infinito doce veces mayor que otro? 2. Es imposible ordenar infinitos. Es obvio que el orden fluye del principio, por lo que si no hay un primero, no hay orden. Podría objetarse que, según Aristóteles, no hay orden sin orden causal. A San Buenaventura no le convence mucho la afirmación del filósofo, pero la admite. Sin embargo, observa, en el mundo siempre hay orden causal porque, gracias a las revoluciones celestes, los animales engendran, etc. Lo que sería imposible sin un inicio temporal. 10 3. Tal como lo demostró Aristóteles , un infinito no puede ser cruzado, lo que vale también para el tiempo, por supuesto. Y si se respondiera que no ha sido cruzado porque no hay un primero, como argumentaba Santo T o m á s , hay que preguntar: ¿Hay una revolución que diste 11 10 11 I Post.Anal. C. 18. S. Th.: I, q. 46, a.2 ad 6. 245 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? infinitamente de la actual? ¿Y una segunda y una tercera, etc.? Todas tendrían que ser infinitamente distantes por lo que no se podría llegar al día de hoy. Terminemos con las dos razones que más definitivas parecen, tanto a los ojos del franciscano como del dominico. 12 4. Como lo ha demostrado Aristóteles en muchos lugares , es imposible que exista una multitud infinita en acto. Si el mundo existe "ab aeterno", y como siempre hubo en él hombres, ya que para él fue hecho; se sigue que hoy hay infinitas almas humanas. 5. Terminemos con la razón que más convence al autor que estamos comentando: Es imposible que quien es después de no ser, sea eterno. Justamente lo creado es después de no ser, por lo que es obvio que su origen es temporal. SANTO TOMÁS 13 El tema es tratado en numerosos escritos del Santo con un número de argumentos realmente impresionante . La Suma de Teología, por ejemplo, tan parca en dichos argumentos debido a que está dedicada a principiantes, divide el tema en tres artículos. Al primero opone 10 objeciones, al segundo, 8, y al tercero, 3. Todas ellas reciben adecuada respuesta, por supuesto. 14 En la cuestión 46, de la prima pars de la Summa, el mismo título ya nos indica por donde va lo que realmente preocupa al Santo. Exactamente lo mismo que a San Buenaventura. En efecto, la cuestión no se pregunta si el mundo tuvo origen temporal, sino si es artículo de fe el que lo haya tenido. En el videtur quod se plantea si tal tesis es una conclusión demostrable, lo que le quitaría su carácter de artículo de fe, ya que ésta versa sobre lo no demostrable. Es curioso comprobar que, de las ocho objeciones que se opone santo Tomás, 6 están tomadas del comentario de San Buenaventura a las Sentencias . Es claro que el Santo sabía muy bien quien era su peor enemi15 12 III Phys. Text. 40; I De Coelo, Text. 33; XI Metaph. C. 9 y X Metaph. C. 10. 13 Sent., 2 d.l, q.l, a.5 y 6; II Contra Gentes, cc. 31 a 38; De Pot. Q.3, a 4 y 17; In Phys. 8,1. 2; In Metaph. 12,1. 5; In De Coelo 1,1. 6,29; Quodl. 3, q. 6, a. 1 y q. 14, a.2; comp.. theol. C. 98; De Aet emitate Mundi. 14 En la S. C. G., en los capítulos citados, por ej., aparecen 24, seguidos de otros tantos contra argumentos. 15 La 1 y la 2 contra su interpretación del "ex nihilo"; la 6 contra "infinita impossibile est pretransiri"; la 7 contra la imposibilidad de la serie causal; la 8 contra las infinitas almas inmortales. a a a a a 246 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS go; otro tanto podría decirse de San Buenaventura. Espero que nadie se escandalice al saber que dos santos se enfrentaron tan duramente. Si alguien se siente molesto por mi aserto, bastaría que leyera las SS.EE. y meditara un poco sobre la epístola a los Gálatas y tantos otros textos de San Pablo que lo harán comprender cuán dura fue su oposición a San Pedro y cuán graves fueron sus consecuencias. Harían bien los historiadores de la Iglesia, por ejemplo, en explicarnos por qué el día del Sumo Pontificado no es el día de San Pedro, sino el día de San Pedro y San Pablo, en circunstancias de que éste jamás fue Sumo Pontífice. Mas cerremos este paréntesis. Voy a reseñar tan sólo tres textos, el primero de los cuales será tomado de la Summa. La citada cuestión 46 de la primera parte discute el tema del principio de la duración de las cosas creadas, y su primer artículo se pregunta si siempre existieron. Comienza presentando 10 argumentos que responden afirmativamente al interrogante; obviamente, empero, sólo consultaremos los que hoy podrían tener vigencia : 16 1. Si se supone un inicio temporal del universo habría que suponer que previamente a él existió un vacío; mas, como Aristóteles lo demostró, el vacío no existe. 2. Como Dios ha existido siempre, también el mundo; de otro modo su voluntad habría cambiado, lo que no es posible en El. 3. Como Dios es un acto puro, es decir, eterno, su efecto también debe serlo; si no lo fuera habría que suponer potencia pasiva en Dios. 4. También aparece aquí el argumento que se basa en que Dios es causa suficiente y actual. Así aparece suficientemente demostrada la tesis de la eternidad del mundo que Santo Tomás rechaza, porque contradice la Revelación. Lo original del artículo está en el cuerpo del mismo que establece que no es imposible que el mundo no sea eterno; como tampoco es imposible que lo sea. De hecho Aristóteles reconoce la imposibilidad de demostrar su e t e r n i d a d . La razón estriba en que la creación depende de la libre voluntad de Dios. 17 Enseguida pasa a refutar los diez argumentos. Sólo veremos los que hemos escogido, naturalmente: 1. Llamamos espacio o vacío a lo que es capaz de recibir un cuerpo, sea de la naturaleza que sea; pero antes de la creación hay nada; en 16 Tal como lo hice cuando expuse el pensamiento de San Buenaventura, me he tomado la libertad de redactar con libertad el pensamiento del Aquinate modernizándolo. 17 I Tópicos, 9,3 ¿CREACIÓN ETERNA o TEMPORAL? 247 consecuencia es irracional imaginar una suerte de espacio o vacío previo. 2. ¿Puede hablarse de un "antes" del mundo? Sí; en cierto sentido la eternidad de Dios es "antes" del mundo; por ello no es necesario que el mundo sea eterno ya que admite un "antes". 3. Hay que considerar que la creación es un acto libre de Dios; en consecuencia, su efecto sigue a la forma pensada por El, no a su actualidad eterna. Dios libremente decide cuándo esa forma pensada será creada. 4. En cierto sentido puede decirse que el mundo es eterno en Dios que lo ha concebido desde toda eternidad; pero será creado cuando El lo decida libremente. Como puede verse, su respuesta es idéntica a la del franciscano. El segundo artículo discute si es artículo de fe el que el mundo haya comenzado, y viene precedido por ocho objeciones. La primera, la segunda, la sexta, la séptima y la octava están tomadas del mismo texto de San Buenaventura que hemos comentado recientemente. Nos saltaremos la exposición de la razón, que ya vimos, y nos limitaremos a las respuestas de Santo Tomás. 1. Decía San Buenaventura que el mundo tiene ser después de no ser, o, si se prefiere, por ser hecho tiene necesariamente un comienzo. Nuestro dominico comienza citando a San Agustín a quien le parece "apenas inteligible" un universo creado y eterno; lo cual revela que, a su juicio, tal tesis no es absurda, como lo pretendía el franciscano. Notemos que citarle a San Agustín a San Buenaventura debe haber sido doloroso en extremo para quien se consideraba su más fiel discípulo. Más aún, le hace ver cuán mal ha interpretado al "ex" de la fórmula dogmática. En realidad la respuesta del dominico no puede ser más demoledora. Como de costumbre, comenzará por distinguir; en este caso se tratará de dos tipos de causa: la instantánea y la sucesiva. La segunda siempre precede al efecto, ya que necesita tiempo para causar; mas no así la primera. Por otra parte el "ex" de la fórmula no significa "post". Con otras palabras, lo creado no existe después de no existir; simplemente existe en dependencia de su causa que no le precede temporalmente pues es instantánea. Lo que nos engaña es agrego yo, no Santo Tomás- la experiencia de causas sucesivas como lo somos nosotros mismos que necesitamos tiempo para todo. De este modo queda deshecho el argumento que más convencía al franciscano; mas éste nunca se dio por enterado. 18 18 "vix intelligibilis" la eternidad del mundo. Cfr. De Civ. Dei. X,31. 248 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS 2. Decía San Buenaventura que el día de hoy habría sido precedido por infinitos días; pero un infinito no puede cruzarse. Pero el dominico señala que cualquier día anterior a hoy que se fije, nos dará un número finito de días por lo que desde allí podremos llegar al actual. Otra cosa es que podamos fijar el día primero; eso sería imposible en la hipótesis de la creación ab aeterno. 3. ¿Habría infinitos padres antes de este hijo? Si es así, se procedería al infinito en la generación humana, lo que ya Aristóteles declaró imposible. En su respuesta Santo Tomás ilustra sobre un aspecto de las pruebas de la existencia de Dios que casi nadie comprende. Una serie causal accidentalmente subordinada puede ser infinita; porque allí todas las causas son del mismo rango, por lo que actúan como si fueran una; como si un carpintero trabajase con muchos martillos: ninguno de ellos supera a los demás por lo que podrían ser infinitos. En cambio, esto no es posible en una serie causal subordinada per se; como si se dijera que el carpintero clava porque lo mantiene vivo el aire, que depende del sol, etc. Sólo en este caso la serie no puede ser infinita. Ocurre -explico yo, no Santo Tomás en este lugar- que en la serie subordinada per se una causa actúa solamente porque está siendo causada. En tal caso, si se suprime la primera, se suprimen todas; por eso no puede ser infinita; ya que, en la serie infinita, no hay primera. En la serie accidentalmente subordinada no se da esta necesidad, cada martillo es independiente y es usado por el carpintero cuando lo decida, sin consultar, por supuesto, a los otros martillos. 4. Ante la imposibilidad de la existencia actual de infinitas almas humanas, Santo Tomás reconoce que esta razón le hace fuerza. Sin embargo, declara que no ha sido demostrada la imposibilidad de una multitud infinita actual, aunque parece lo más probable. Además no hay ninguna razón para que todas las creaturas hayan sido creadas ab aeterno; el que el mundo lo sea no implica que todo lo que hay en él lo sea. El Santo, como los antiguos griegos, sabía que hubo animales que hoy no hay; por lo que es perfectamente posible que los que hoy pueblan el planeta sean de un origen reciente. El artículo tercero de la cuestión aborda el tema de la creación temporal y enfrenta tan sólo tres objeciones que presentan la imposibilidad de concebir tal tipo de creación. En efecto, es obvio que la creación no se da en el tiempo sino fuera de él. ¿Cómo, entonces, hablar de una creación temporal? Porque el mismo tiempo fue creado, como todo lo demás. Así que, antes de la creación, no hay antes y después. Realmente estas razones hacen comprender cuán difícil es la cuestión y cuán superada por ella se halla nuestra pobre inteligencia. Las respuestas del Angélico aceptan lo bien fundado de las razones, 249 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? pero muestran que no son definitivas. Es obvio que el tiempo es creado y co-creado con el universo y, por lo mismo, no es principio de nada. Lo que Dios quiere evitar, al revelar el origen temporal, es la vigencia de tres errores. En primer lugar, evidentemente, que el mundo sea eterno; en segundo lugar que haya sido creado por creaturas espirituales, como pretendían Platón y Aristóteles, y, por último, que haya un principio bueno y otro malo. En otras palabras: el universo no es equiparable a Dios; Dios lo creó sin ayuda de nadie y es enteramente bueno. Pero luego añade una interpretación alegórica de gran belleza. El texto bíblico comienza solemnemente: "en el principio, Dios creó el cielo y la tierra"; es decir, en el Hijo, que es la causa ejemplar de todo lo creado. La segunda obra que queremos consultar es su opúsculo dedicado expresamente al tema y que, al parecer, no quiso publicar por haberse pronunciado ya el obispo de París; por lo que habría que situar su redacción después de 1270. De hecho sólo empieza a ser conocido en París sólo unos veinte años más tarde. Si es tal el origen de este opúsculo, sería la última obra en la que el Aquinate expuso su pensamiento. En verdad es notable la madurez de la argumentación y el atinado uso de las fuentes más respetadas en su época Por razones de brevedad me iré a la parte en que Santo Tomás encara la razón que más mueve a San Buenventura: "creado por Dios" parece ser contradictorio con "siempre existió"; es decir, agrega el Santo: "toda la cuestión radica en saber si lo creado por Dios según toda su sustancia y no tener principio de duración repugnan mutuamente o n o " . Para el franciscano la respuesta es sí, para el dominico es no. 19 Para la inteligencia de la cuestión es preciso comprender que no es necesario que Dios preceda a la creación según la duración, si así lo quiso. Lo que es fácil de comprender por lo ya visto: la causa que produce "subito", en un instante, no precede a su efecto. Y este es el modo de causar de Dios, ya que El no produce mediante un movimiento, como lo hacen habitualmente las creaturas. En este caso el principio del movimiento es anterior al movimiento mismo, y, a fortiori, al efecto. Si se objeta que la voluntad de Dios antecede a su creación, nuevamente confundimos el modo de obrar de Dios con el de la creatura; porque la voluntad que decide mediante deliberación precede a su efecto según la duración. De hecho, sólo no causa al instante, la causa que necesita complemento, lo que, obviamente no es el caso de Dios. Si se dice: "lo hecho nunca no fue", parece que repugnara al intelecto. Aquí el Santo utiliza el mismo lenguaje de San Buenaventura para refu19 Cito por el volumen XLIII de la "Opera Omnia", Editori di son Torino, 1976, Roma. 250 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS tarlo con más claridad: como se dice que fue hecho "ex nihilo" es necesario que le preceda su no existencia. Pero ya San Anselmo refutó esta interpretación; ya que la fórmula, en verdad, lo que realmente quiere expresar es que no hay algo a partir de lo cual el universo haya sido h e c h o . Más aún, supongamos que "ex" tenga el sentido de "después" (post), tal como lo entendía el franciscano. En tal caso tendríamos que distinguir si se trata de un "ordo durationis" o de un "ordo naturae". En el caso de la creación basta con el orden de naturaleza; tanto más cuanto que la duración no precede al ente, cuando se trata de un origen absoluto, como el de la creación. 20 Para evitar cualquier mala interpretación, nuestro autor aclara que lo que realmente importa es saber que si la creatura fuese dejada a sí misma, nada sería. Ya Boecio había distinguido entre eterno y perpetuo, distinción a la que acude ahora el Aquinate. La eternidad es la posesión total y perfecta de una vida interminable, mientras que la perpetuidad es la prolongación indefinida de una existencia sin límites . Como se ve no hay parangón entre la duración de Dios y la de la creatura. Por ello no debería decirse que la creatura es co-eterna con Dios, porque ella transcurre, mientras Dios no es afectado por el paso del tiempo. 21 Permítaseme un breve comentario. Siempre me llamó la atención, en esta polémica, que se hubiese olvidado la luminosa distinción hecha por quien es considerado el profesor de lógica de la Edad Media. Tal parece que el único que la recuerda es el Angélico y tan sólo en este opúsculo; al menos no la he visto en otros escritos. El que se recuerde en un opúsculo que conserva en su título el lenguaje usado habitualmente en su siglo, a pesar de reconocerlo inadecuado, dice mucho sobre su humildad intelectual. Por último, el Angélico rechaza la infinitud de almas con los argumentos que vimos más arriba. Terminemos esta breve exposición del tema hojeando al quodlibetum tercero, pues creo que, a pesar de su brevedad y, tal vez, por eso mismo, expresa mejor que cualquier otro texto la razón última de su posición y explica cabalmente el porqué de la violencia inusitada que hemos observado en esta polémica. El título señala con toda claridad qué es lo que divide las opiniones: "si se puede probar demostrativamente que el mundo no es eterno". En el "sed contra", Santo Tomás aborda el punto central: 20 "non esset aliquid unde sit factum". Monologium. C . 8 . 21 Consolación de la Filosofía. L. IV, prosa VI, 4 y 10, trad. P. Masa. Aguilar. Buenos Aires. 1977. 251 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? "...lo que pertenece en propiedad a la fe no puede demostrarse, porque la fe versa sobre lo que no aparece, como se lee en (la epístola a) los Hebreos (XI, 1). Pero que el mundo haya sido creado desde cierto principio temporal es un artículo de fe (...), en consecuencia no puede ser probado de modo demostrativo". Y la razón de que sea artículo de fe radica en que nada de lo que depende exclusivamente de la voluntad de Dios puede ser demostrado, sino que sólo mediante la fe en la Revelación puede ser conocido. Apoya el Aquinate su argumento en San Pablo: "las cosas de Dios nadie las conoce sino el Espíritu de D i o s " . 22 Pero hay más. Porque es preciso evitar a toda costa el presentar demostraciones en estas materias que superan la fuerza de la inteligencia humana y esto por dos razones: "ya que con ello suprime la excelencia de la fe, cuya verdad excede toda razón humana (...), además, como la mayoría de esos argumentos son frivolos, dan ocasión a la irrisión de los infieles que estiman que nosotros asentimos a las verdades de fe por argumentos de este tipo (...)" Tanto como San Buenaventura, fray Tomás está defendiendo la pureza de la fe, y esto es, a mi juicio, lo que explica la dureza del enfrentamiento. CONCLUSIÓN Puede resultar sorprendente que los más grandes teólogos del siglo XIII se opongan en un punto en el que debería haberse hecho pronto la luz. ¿No está claro para todos cuáles son los artículos de fe? Por lo dicho es obvio que mientras para Santo Tomás el origen temporal del mundo lo es, para San Buenaventura es tan solo una verdad natural cognoscible por la razón sin necesidad de la Revelación. Aquí está, a mi juicio, el nudo de la cuestión. Por ello ambos teólogos se muestran tan duros y tan poco proclives a entender la posición de su adversario. No creo que hayan dudado un momento de la buena fe de su oponente, hay varias anécdotas que prueban en cuánto cada uno estimaba la virtud de su oponente, sino que miraban, por encima de la persona, las consecuencias nefastas para la fe que se seguirían de aceptarse la opinión contraria. Ya hemos visto que San Buenaventura piensa que tal error lleva a negar la encarnación del Hijo de Dios. Por desgracia, como lo sostiene 22 1 Cor. 2,11. 252 JUAN CARLOS OSSANDÓN VALDÉS en un sermón, no da la razón de su aserto. Podríamos conjeturar una explicación por lo que agrega al mejor de sus argumentos, aquél que sostiene que si el mundo existe ab aeterno habría infinitas almas humanas actualmente existentes. Como tal cosa es imposible según los filósofos, algunos suponen que las almas se corrompen, o bien, que hay una sola alma, o bien, que se reencarnan. Por lo que si comenzamos mal, terminamos p e o r . No cabe la menor duda, supuesta la eternidad del mundo, todo el cristianismo queda destruido. Y, por ello, su oposición a Aristóteles no hará más que acentuarse con el correr de los años. Porque, como explica Gilson, "el universo cristiano de San Buenaventura difiere del universo pagano de Aristóteles en que tiene una historia" , detalle de la máxima importancia ya que el cristianismo es un hecho histórico; pero un universo eterno no parece tenerla. 23 24 Con todo es bueno precisar que lo que este santo condena es la tesis aristotélica de la eternidad del mundo. Es verdad que también juzga que tal opinión es refutable por la mera razón natural, pero no parece haber advertido la sutil distinción de Santo Tomás; al menos no he encontrado un texto donde se haga cargo de esa posición. Explicada la razón de la fuerte reacción de San Buenaventura nos queda por ver la del Angélico que se caracterizaba por tolerar con indulgente sonrisa disparates manifiestos. ¿Por qué esta vez llegará al extremo de escribir un opúsculo dedicado únicamente al tema? Mientras el fraile franciscano pronto abandonó la cátedra universitaria, Santo Tomás nunca la dejó. Fue siempre un profesor con un inmenso deseo de saber. Por lo cual comprendió muy bien cuánto daño puede hacer a la fe su identificación con argumentos falsos. Podríamos decir que previó las consecuencias que se han seguido del caso Galileo. "La irrisión de los infieles" la vemos todos los días en libros y conferencias, obra de científicos que ejemplifican la vanidad de la fe cristiana con el famoso caso. Ciencia y fe se oponen absolutamente: ésa ha sido la consecuencia. No se trata de que aceptemos la torcida versión de los hechos que impuso la masonería en el siglo XVIII. De hecho el famoso científico fue derrotado por la ciencia de su época antes de ser condenado por la Santa Inquisición. Pero creída esa versión, se da lo que Santo Tomás trataba de evitar al combatir la tesis mayoritaria en su tiempo. Finalmente la magna e inconsulta condenación de 1277 tendrá los mismos efectos, sólo que en otro contexto. De hecho, todos los intelectuales posteriores a 23 "Unde iste error malum habet initium et pessimum habet finem" In II Sent., dist. 1, c. 1, pars 1, q.II. 24 O.C. pág. 156. 253 ¿CREACIÓN ETERNA O TEMPORAL? ella harán esfuerzos enormes para evitar el error. Como no hay modo de impedir su posibilidad, se irá cayendo poco a poco en un larvado escepticismo, en un refugiarse en un fideísmo o pietismo que terminó con lo que había sido la gloria de ese período histórico: la armonía entre la razón y la fe. Por ello habría mucha más razón para criticar a la autoridad eclesiástica por la condenación medieval que por la moderna. Si las consecuencias fueron tan disímiles, se debió, en la primera de las condenas, a la cristiandad aún floreciente. En el fondo de su postura está la convicción de que los aristotélicos de su época jamás podrían ser convencidos por argumentos "frivolos" como los que presentaban los teólogos. La fe, la teología, no puede oponerse a la razón, a la verdad, venga de donde venga. Por ello no dudó en citar a paganos y a musulmanes; porque para un profesor, la verdad está por encima de toda otra consideración. Al fin y al cabo, Jesús nos lo advirtió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" . 25 25 Jn. XIX,6.
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